domingo, 27 de septiembre de 2015

EL HENTAI EN EL PORNO ESPAÑOL

El hentai, como muchos de vosotros seguramente ya sabéis, es el género del cómic y la animación japonesa que contiene sexo explícito, por desgracia representante para muchos puritanos de lo perniciosos que pueden llegar a ser el manga y el anime para el mundo.

Obviamente esta misma gente se entiende que está en contra del porno en general, de cualquier cosa que lleve la etiqueta de xxx, atractiva para su público objetivo y símbolo del mal para los que no tienen nada mejor que hacer que perseguir aquello que no les gusta.

El hentai está de moda en España

En fin, se trata en cualquier caso de un género conocido en todo el mundo, dado que nunca se habían utilizado (ni se ha hecho jamás) los dibujos animados para enseñar de forma explícita relaciones sexuales en los personajes, pero precisamente este formato ha permitido a sus responsables crear argumentos y escenas de lo más bizarros y sorprendentes, cosas que no serían posibles, o que provocarían demasiado rechazo, con intérpretes de carne y hueso.



No hay duda de que cuando se juntan en una misma persona la afición por los contenidos de sexo explícito y por la animación japonesa, el porno español animado será una de sus fuentes de estímulo sexual, y en realidad no son pocos los que reúnen las características para que les gusten las dos cosas y, por ello, la tercera.

Pero igual que ocurre con los videos de sexo de imagen real, los de dibujos animados son víctimas de la censura, porque ni siquiera con la suavización que supone el formato se amplía la permisividad en cuanto a su distribución y consumo. Muchas veces, de hecho, pasa todo lo contrario: los argumentos llevados al límite entran en terrenos pantanosos y hacen saltar las alarmas con la caracterización de según qué personajes: las leyes de varios países, incluida España –país donde en general llevan el tema del sexo con bastante más normalidad que en otras partes-, consideran que es pornografía infantil cualquier material que contenga personajes que por su apariencia se pueden considerar menores de edad aunque no lo sean, y la infantilización de rostros y actitudes en la animación japonesa es de sobra conocida, por lo que la polémica está servida y los censores no dejan pasar ni una.

No importa si esos personajes declaran que tienen 25 años o que son putas follando, o si se trata de contenido ficticio y con personajes de dibujos y por lo tanto no actores: si pueden pasar por menores de 18 se considera pornografía infantil y pueden rodar cabezas y empezar las detenciones. Lo único en lo que se salva el anime erótico de esa caza de brujas es en el consumo: la ley se relaja en ese sentido y solo se castiga la distribución, pero naturalmente si se tratara de pornografía infantil real, con personas de verdad, ambos lados de la cadena se enfrentarían a duros castigos.

Como la pornografía en forma de dibujos animados es algo casi exclusivamente japonés, es el anime el que se encuentra con estos problemas en países como España. El german porn existe, sí, pero forma parte del índice de productos controlados por la censura, materias que sucesivos gobiernos españoles han decidido que no se pueden distribuir libremente, y habrá quien piense que esta actitud es exagerada y excesiva, pero se trata de un país en el que se toman muy en serio estas cosas.

En un país en el que después de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en delito la exaltación del nazismo, a diferencia de otros lugares donde se barrió bajo la alfombra, los videojuegos violentos y también el cine erótico, de imagen real o de dibujos animados, son objeto de análisis y no es fácil distribuir estos productos al público, contengan o no elementos que los convierten en ilegales. Cuando entra en juego el hecho de que se trata de dibujos animados japoneses, la lupa con la que se miran es aún más grande debido a una serie de prejuicios que a veces son ciertos, dado que en Japón son más permisivos con el tema de la edad, pero que en muchas otras ocasiones no pasan de manipulaciones de la opinión pública. Al final, los perjudicados son también los que sencillamente quieren disfrutar de una buena sesión de dibujos para adultos.